Nuestros otros YO (Parte III)

Miraba de forma extraña el lugar que había escogido para la cena. Nunca me habían llevado antes del ocaso a un campo de golf. Me preguntaba ¿que demonios pensaba?, sin duda me dejó pasmada. Y es probable que lo haya reflejado en mi rostro.
- Por aquí, ¡sígueme!- me dijo alegre.
- ¿Por qué me has traído a un campo de golf?- le pregunté inquisitiva.
- ¡Ya verás!-me respondió-, no veas sólo lo inmediato. - Claro, lo inmediato- me dijo mi subconsciente en tono sarcástico.
- No entiendo- respondí siguiéndole el hilo a mi otro yo.
Caminábamos por el campo, a una velocidad moderada, el obviamente estaba emocionado por el asunto, pero yo no sentía mayor cosa sino indignación por sus gustos bizarros para una cita. Cuando hubimos llegado hasta el tope de una loma, todo se hizo más claro para mí. Y no pude evitar reflejar en mi rostro una sonrisa.
En el horizonte se veía un gran lago cuyas aguas de color oscuro dividía al campo de golf de un cerro forrado de vegetación verdusca al fondo. La imagen era increíble. Los rayos de sol se reflejaban en su superficie y pequeños diamantes de luz se desplegaban por todo el manto de agua.
- ¡Vaya! –musité con asombro- , es bellísimo –. Sonreí.
- Me alegro que te guste – el también sonrió, un poco apenado.
Mientras transcurría esta acción, la luz solar se ocultaba dando paso a una imagen aún más hermosa que la anterior. El había conseguido de alguna manera, adornar con faroles amarillos un área cercana a la orilla, donde podía verse un mantel de cuadros en el piso y comida sobre ella.
- Vamos- me tomó de la mano y nos encaminamos al lugar de la cena.
La situación era mucho más placentera de lo que jamás podría haber imaginado.
- Nada mal- me dije-. En eso tienes razón- me respondió mi subconsciente.