El Tercer Ojo es Café – Historia Corta


Sólo se necesitó una bala para acallar los susurros provenientes del piso inferior, o al menos se escuchó como un disparo. Un seco “bam” y todo acabó. Si hubiera podido moverme de esa cama, hubiera corrido a mirar qué había pasado. Haría algo heroico como siempre había soñado; detener al asesino, golpearlo hasta que quedara inconsciente y recibir una medalla de manos del Alcalde…enamorarme de la periodista que me entrevistara y comprarme un perro labrador, como ocurria en las películas americanas; “Salvar a alguien” siempre fue mi meta a cumplir, pero a los 13 años un árbol me cayó encima mientras caminaba a casa bajo una tormenta eléctrica. Pero no se aflijan….al menos no fue un rayo, porque los rayos resulta que sí te impactan de nuevo si te tocaron ya una vez si es que sobrevives. Como fuere, no me dio tiempo cumplir mi meta, aunque igual me la había propuesto dos semanas antes. Sí, una cruel broma del destino. Pero da igual…veía a mi madre todos los días. Eh…no, no era tan bueno, ya con 20 años debería tener novia, estar en la universidad y divirtiéndome en esas fiestas de universitarios.

En el ahora, no sentía el cuerpo del cuello hacia abajo, era como estar metido en uno de esos frascos de cabezas famosas que muestran en Futurama. Necesitaba ayuda para todo, moría de hambre a veces y quería que la enfermera dejara de bañarme, me daba vergüenza que me viera desnudo. Sin embargo, sí que podía hablar.

Intenté mover el aparato bucal, ese artefacto que me ayudaba a escribir en un ordenador, y llamar a la enfermera cuando me diera la gana, muy al estilo de Stephen Hawking. Mi lengua logró capturar el cilindro, dos toques y el teléfono se activó. Por suerte, mi madre había guardado en la memoria del aparato el número de los bomberos (y los de la policía, paramédicos, cerrajeros, fontaneros, y así).

El sonido digital comenzó a sonar. Miré hacia el techo con la mirada perdida imaginándome ¿qué habría pasado en el piso de abajo?. Me encontraba solo por primera vez en mucho tiempo, aunque sólo por una hora, la hermosa enfermera había faltado y mi madre necesitaba comprar una bolsa extra de suero en la farmacia.

Los vecinos del piso de abajo siempre eran escandalosos, discutían todo el tiempo y pasados unos minutos la mujer comenzaba a gritar, sólo una sílaba. Una larga “aaa” que se entrecortaba y se alargaba y se acortaba…y se alargaba…y se acortaba en intervalos de segundos. Mi madre se ruborizaba siempre, así que intuí que hacían lo que las parejas hacen.

Una señora atendió mi llamada:

– Hola, bomberos de las Mercedes. ¿Cual es su emergencia?
– Eh…hola. Creo que mis vecinos se han matado. O quizá sólo murió uno o mmm quizá ninguno, no lo sé, realmente….por eso llamo.
– ¿Puede decirnos dónde se encuentra?
– En la calle 2 de Todos los Santos. Edificio “Los Alpes”
– Bien, contactaré una patrulla de policía para que se dirija a esa dirección. Si ocurre algún otro incidente, vuelva a llamar.
– OK. Gracias.

Colgué y esperé. La verdad no se oía nada, todo estaba en silencio y tranquilo. Se me ocurrió que si mi madre llegaba podría correr peligro, así que la llame:

– ¿Sebastián, que ocurre, te pasa algo? ¿Estás bien? – Me interrogó.
– Sí, sí mamá, cálmate…aunque creo que algo ha ocurrido en el piso de abajo, creo que escuché un disparo. – Le dije apurado, sabía que se alteraría.
– Sebastián, hijo, quédate tranquilo. No te muevas – Lloriqueó un poco.
– Mamá, soy parapléjico…- Eso se lo dije en broma a mi madre.
– Me refiero, no hagas ruido, llama a la policía.
– Sí madre, llame ya a la policía…vienen en camino.
– Voy en seguida…- Siguió lloriqueando un poco más.
– No, no, mejor no lo hagas porque

Me colgó antes de que dijera lo último. Colgué. Escuché un ruido en la entrada. Comencé a sentirme nervioso. Unos pasos, se acercaban a mi habitación. Rogué que fuera la enfermera hermosa. La perilla de la puerta chirrió al abrirse. Trague grueso. Un tipo alto, corpulento, musculoso, enguantado y con exceso de gel para cabello entró en la habitación.

– Hola muchacho…

Sólo pude quedarme boquiabierto sorprendido mirando esa mole de músculos, creo que entendía a la mujer y sus grititos…

– Soy tu vecino, el del piso de abajo.
– Hola…- fue lo único que llegué a decir.

El tipo sonrió estúpidamente mientras se acercaba a la cama

– Creo que, oíste algo que no has debido.
– No, no….nada. Lo juro. – Sin embargo pensaba en los quejidos diarios, más que en el sonido del disparo-
– No importa…

Tomo un cojín de la silla sofá que estaba al lado de mi cama donde mi madre se sentaba algunas horas al día  para hablar conmigo sobre series de televisión, y lo llevó a mi rostro. Si no fuera parapléjico hubiera luchado, pataleado, golpeado o…algo. Pero no, ni me dio tiempo a gritar. Solo recuerdo que acabó tan rápido que pensé que lo había soñado todo.

Lo siguiente fue sorprendente, sentí mis manos, brazos, piernas, dedos de los pies, otra vez. Me levanté de la cama y pensé: “Genial…morí estúpidamente, me quede sin enfermera, madre, perro labrador y periodista”. Me volteé y…lo que pasó a continuación, se los dejo en el aire, solo diré: Los musulmanes se equivocan…son más de 10 ;)

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Gracias a todos por leer. Espero les haya gustado, me divertí redactándolo. Si existieran errores en el texto, tiempos verbales, o whatever puedan encontrar, háganmelo saber EN UN MAIL, que no quiero que se enteren los demás por los comentarios y arruinen el aura (en realidad es para que no piensen que soy inculta).

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